Temática

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Hablar sobre la obra de José Juárez es siempre un nuevo cuestionamiento sobre ella. Él nos obliga a buscar un nuevo enfoque respecto a cada uno de sus cambios, que va realizando en torno a su producción artística. Él ha pasado por todos los "Ismos" pero sin duda alguna conserva una coherencia en lo esencial de su característica fundamental: el aspecto universal de su expresión, el colorido y la calidad de su oficio, es decir la calidad técnico/pictórica.
José Juárez, nos dice Jean Cassou1, es un pintor mexicano establecido en Francia, por lo tanto, podemos considerarlo como formando parte de lo que llamamos la Escuela de París.

Pero hay que considerar también su calidad de mexicano, sus orígenes mexicanos, la historia y en la cultura universal un lugar especifico y capital. Los pueblos de México tanto precortesianos como coloniales y modernos, se han distinguido siempre por su genio artístico absolutamente resplandeciente. De una manera muy diversa según el lugar y el periodo, pero siempre en forma prestigiosa, ellos han hecho prueba de imaginación creativa. Juárez es, por lo tanto, un artista de gran raza, descendiente de una gran raza de artistas o más exactamente de todo un mundo de grandes razas de artistas.

De este rico y múltiple origen, él tiene perfectamente conciencia. Ha estudiado las maravillas del indigenismo del México antiguo, así como la edad barroca. Ha consagrado trabajos sociológicos al movimiento muralista que se desarrolló de la revolución de 1911. Pero él pertenece a la generación que otorga justicia a las motivaciones y a los valores de ese impulso de pensamiento colectivo, se expresa con búsqueda personal. Tuvo períodos de arte abstracto y esa experiencia le ha dado una gran libertad técnica, en particular el dominio del espacio y una viva habilidad colorística.
 
Actualmente que su madurez se ha formado y se encuentra con disposiciones de florecer, él da libre curso a una fantasía poética que ha incubado siempre en el secreto de su juventud y en la múltiple riqueza de sus orígenes. 
En nuestros tiempos la fantasía poética se llama surrealismo. Y es totalmente natural que veamos en el arte de Juárez una calidad de expresionismo surrealista. Esto en cuanto al término, pero no es suficiente configurar un arte dentro de los límites de ese término.
Este expresionismo surrealista de Juárez es sumamente personal y la fascinación que él ejerce es una especie extremadamente singular.
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Está hecha a la vez de gracia y de violencia. Cualquiera que en las profundidades íntimas resienta los misterios del alma mexicana, encontrará esencialmente mexicana esta fascinación en el arte de Juárez. Él reconocerá como de la familia de los encantos, por los cuales a través de los siglos tantas extrañas maravillas continúan a influir en nuestros pensamientos, en nosotros nuevos descubridores que somos, ingenuos conquistadores repetimos sin cesar en nuestra era industrial, un deslumbrado desembarque. Juárez, con su aire tranquilo y dulce, su suave e irónica firmeza, con el peso de los fabulosos pasados de los cuales es portador y con toda esa conciencia naciente que él ha adquirido como recursos de su oficio definitivamente está seguro del poder de sus encantos: él los emplea con la mayor soberanía y con la más imprevisible extensión de los imperios de la poesía".

En nuestros días, la figuración artística con aspiración creadora de Juárez ha dejado de ser reproductiva: es conceptual o expresiva, ideográfica o pictográfica. 
 
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Respecto a la figuración nos dice Juan Acha:2 "Juárez viene de la figuración pop que utilizaba con ironía y espíritu contracul- tural. Al decidir ratificar la informa-ción visual de la figura humana, se encuentra con los neofigurativos, entre ellos Bacon, y parte de éste en cuanto a contraponer la desfiguración y un espacio ambiental representado con una buena dosis de naturalismo. Pero pronto deja atrás influencias. Porque en la mayoría de sus cuadros hay asimilación de influencias y éstas han desaparecido de nuestra vista.
En las superficies de Juárez se dan cita varias imágenes humanas o se suceden en polípticos cuando hay una sola en cada cuadro.

La figura humana se torna en conglomerados cromáticos que adquiere sus mejores efectos artísticos cuando aluden al movimiento. 

Las figuras representan movimientos o acciones y no personajes en movimiento o en acción. La desfiguración es pictórica al igual que el expresionismo deformante niega al naturalismo y a lo fotográfico. No utiliza deformaciones. Oculta más bien información icónica para dejar curso libre al color y ofrecernos una suerte de evocación borrosa, cuyas verosimilitudes antropomórficas atraen nuestra mirada. La desfiguración informa de alguna manera y el color sensibiliza. 
 
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Pero Juárez no solamente se conforma con expresar lo que le viene a la mente espontáneamente; él construye, transforma y estructura las reflexiona sobre los conceptos que tiene de sus investigaciones teóricas. 

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Juárez no imprime en su obra lo que capta el ojo humano, él estudia la forma y mediante un proceso crea su propio lenguaje. Es evidente a estas alturas del discurso, que su "puesta en escena" trata de preservar la integridad primaria de la idea y la fija en el espacio propio del objeto artístico. Juárez no deforma, más bien trasforma cuantas veces le son necesarias, partiendo de un mismo objeto, para lograr su objetivo. Digamos que la "puesta en imagen" pictórica es un proceso de transformación del signo; parte de la realidad la interpreta y transforma creando a cada paso una nuevo signo, es decir, una "Nueva Figuración". Él no tiene otra verdad que la que uno dice antes de comenzar a escribir o pintar; obligar al espectador a observar constantemente sus objetos pictóricos. Concretamente la única substitución al trasformar la forma es la interrogante que conlleva ¿Qué es el objeto pictórico, comó nombrarlo?. ¿En qué se funda la necesidad primordial del ver sobre el decir? 
 
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Para terminar, nos dice Juárez, que las imágenes familiares, secretas en la intimidad y propuestas en su discurso pictórico, son por lo tanto aquellas a las que estamos acostumbrados cotidianamente: nuestra vida pública y privada, es siempre descripción del espacio. Ese espacio que podemos imaginarlo discontinuo, fragmentado en tantas partes que significaciones, propias con relación al "Otro" o a los "Otros".

Su obra es cambiante como su transformación del signo que aludimos. Pero coherente con su proceso artístico. En su obra reciente vemos una constante de la figura femenina ¾ un detalle ¾ que aparece en la mayor parte de sus obras; es obvio esa ruptura con la obra producida en los 80's. 

Él nos dice que es una especie de liberación necesaria a su idiosincrasia. Y en realidad en su obra reciente rompe con la técnica y con la forma producida durante un largo periodo, cuando fue director del Museo Dolores Olmedo. Para Juárez todo cambio es indispensable y benéfico; cambiar es renacer y él piensa que ya cumplió su misión respecto al museo.

Por otra parte él afirma que el desnudo es una forma de arte inventada por los griegos en el siglo V, del mismo modo que la ópera es una forma de arte inventada en Italia en el siglo XVII. La conclusión resulta demasiado brusca, pero tiene el mérito de poner de relieve que el desnudo no es un tema del arte sino una forma de arte. Un montón de desnudos no conmueve nuestra empatía, sino que produce desilusión y desaliento. Pero Juárez no desea imitar su naturaleza, él desea perfeccionarla. De manera que, si bien el cuerpo desnudo no es más que el punto de partida de su obra artística, se trata sin embargo de un pretexto de gran importancia para él. De este modo Juárez, muestra aún más explícitamente que el desnudo no representa simplemente el cuerpo, sino que lo relaciona por analogía con todas las estructuras que se han convertido en parte de nuestra experiencia imaginativa. Los griegos perfeccionaron el desnudo a fin de que el hombre pudiera sentirse como un Dios; y en cierto modo, esta es aún su función, pues aunque ya no suponemos que Dios es como un hombre hermoso, todavía sentimos cerca la divinidad en esos destellos de autoidentificación que experimentamos cuando, a través de nuestro cuerpo, nos parece tener conciencia de un orden universal. 

Pero la figura humana no siempre la representa completa, él la fragmenta o pone un "detalle", una parte. A veces la figura femenina aparece en primer plano o como sombra de la figura principal, pero también se desdobla en los espacios de la composición que él acostumbra triangular. Para Juárez no es el problema en sí el detalle, sino la manera en que a nivel plástico él lo utiliza, lo organiza o lo estructura. Define el detalle como la lengua italiana lo describe, como un¾ particolare ¾ es decir, como fragmento de una totalidad, de un objeto o de un conjunto de objetos, lo propone dentro de un contexto histórico distinguiéndolo del ¾ dittagli ¾, que equivale al cuidado excesivo de los detalles. 
 
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(1).- Escritor y sociólogo, fundador del Museo de Arte Moderno de París

(2).- Sociólogo y crítico de Arte.

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