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Pero
hay que considerar también su calidad de mexicano, sus orígenes
mexicanos, la historia y en la cultura universal un lugar especifico y
capital. Los pueblos de México tanto precortesianos como coloniales
y modernos, se han distinguido siempre por su genio artístico absolutamente
resplandeciente. De una manera muy diversa según el lugar y el periodo,
pero siempre en forma prestigiosa, ellos han hecho prueba de imaginación
creativa. Juárez es, por lo tanto, un artista de gran raza, descendiente
de una gran raza de artistas o más exactamente de todo un mundo
de grandes razas de artistas. De
este rico y múltiple origen, él tiene perfectamente conciencia.
Ha estudiado las maravillas del indigenismo del México antiguo,
así como la edad barroca. Ha consagrado trabajos sociológicos
al movimiento muralista que se desarrolló de la revolución
de 1911. Pero él pertenece a la generación que otorga justicia
a las motivaciones y a los valores de ese impulso de pensamiento colectivo,
se expresa con búsqueda personal. Tuvo períodos de arte abstracto
y esa experiencia le ha dado una gran libertad técnica, en particular
el dominio del espacio y una viva habilidad colorística.
Está
hecha a la vez de gracia y de violencia. Cualquiera que en las profundidades
íntimas resienta los misterios del alma mexicana, encontrará
esencialmente mexicana esta fascinación en el arte de Juárez.
Él reconocerá como de la familia de los encantos, por los
cuales a través de los siglos tantas extrañas maravillas
continúan a influir en nuestros pensamientos, en nosotros nuevos
descubridores que somos, ingenuos conquistadores repetimos sin cesar en
nuestra era industrial, un deslumbrado desembarque. Juárez, con
su aire tranquilo y dulce, su suave e irónica firmeza, con el peso
de los fabulosos pasados de los cuales es portador y con toda esa conciencia
naciente que él ha adquirido como recursos de su oficio definitivamente
está seguro del poder de sus encantos: él los emplea con
la mayor soberanía y con la más imprevisible extensión
de los imperios de la poesía". En
nuestros días, la figuración artística con aspiración
creadora de Juárez ha dejado de ser reproductiva: es conceptual
o expresiva, ideográfica o pictográfica.
La
figura humana se torna en conglomerados cromáticos que adquiere
sus mejores efectos artísticos cuando aluden al movimiento. Las
figuras representan movimientos o acciones y no personajes en movimiento
o en acción. La desfiguración es pictórica al igual
que el expresionismo deformante niega al naturalismo y a lo fotográfico.
No utiliza deformaciones. Oculta más bien información icónica
para dejar curso libre al color y ofrecernos una suerte de evocación
borrosa, cuyas verosimilitudes antropomórficas atraen nuestra mirada.
La desfiguración informa de alguna manera y el color sensibiliza.
Pero
Juárez no solamente se conforma con expresar lo que le viene a la
mente espontáneamente; él construye, transforma y estructura
las reflexiona sobre los conceptos que tiene de sus investigaciones teóricas.
Juárez
no imprime en su obra lo que capta el ojo humano, él estudia la
forma y mediante un proceso crea su propio lenguaje. Es evidente a estas
alturas del discurso, que su "puesta en escena" trata de preservar la integridad
primaria de la idea y la fija en el espacio propio del objeto artístico.
Juárez no deforma, más bien trasforma cuantas veces le son
necesarias, partiendo de un mismo objeto, para lograr su objetivo. Digamos
que la "puesta en imagen" pictórica es un proceso de transformación
del signo; parte de la realidad la interpreta y transforma creando a cada
paso una nuevo signo, es decir, una "Nueva Figuración". Él
no tiene otra verdad que la que uno dice antes de comenzar a escribir o
pintar; obligar al espectador a observar constantemente sus objetos pictóricos.
Concretamente la única substitución al trasformar la forma
es la interrogante que conlleva ¿Qué es el objeto pictórico,
comó nombrarlo?. ¿En qué se funda la necesidad primordial
del ver sobre el decir?
Para
terminar, nos dice Juárez, que las imágenes familiares, secretas
en la intimidad y propuestas en su discurso pictórico, son por lo
tanto aquellas a las que estamos acostumbrados cotidianamente: nuestra
vida pública y privada, es siempre descripción del espacio.
Ese espacio que podemos imaginarlo discontinuo, fragmentado en tantas partes
que significaciones, propias con relación al "Otro" o a los "Otros". Su
obra es cambiante como su transformación del signo que aludimos.
Pero coherente con su proceso artístico. En su obra reciente vemos
una constante de la figura femenina ¾
un detalle ¾
que aparece en la mayor parte de sus obras; es obvio esa ruptura con la
obra producida en los 80's. Él
nos dice que es una especie de liberación necesaria a su idiosincrasia.
Y en realidad en su obra reciente rompe con la técnica y con la
forma producida durante un largo periodo, cuando fue director del Museo
Dolores Olmedo. Para Juárez todo cambio es indispensable y benéfico;
cambiar es renacer y él piensa que ya cumplió su misión
respecto al museo. Por
otra parte él afirma que el desnudo es una forma de arte inventada
por los griegos en el siglo V, del mismo modo que la ópera es una
forma de arte inventada en Italia en el siglo XVII. La conclusión
resulta demasiado brusca, pero tiene el mérito de poner de relieve
que el desnudo no es un tema del arte sino una forma de arte. Un montón
de desnudos no conmueve nuestra empatía, sino que produce desilusión
y desaliento. Pero Juárez no desea imitar su naturaleza, él
desea perfeccionarla. De manera que, si bien el cuerpo desnudo no es más
que el punto de partida de su obra artística, se trata sin embargo
de un pretexto de gran importancia para él. De este modo Juárez,
muestra aún más explícitamente que el desnudo no representa
simplemente el cuerpo, sino que lo relaciona por analogía con todas
las estructuras que se han convertido en parte de nuestra experiencia imaginativa.
Los griegos perfeccionaron el desnudo a fin de que el hombre pudiera sentirse
como un Dios; y en cierto modo, esta es aún su función, pues
aunque ya no suponemos que Dios es como un hombre hermoso, todavía
sentimos cerca la divinidad en esos destellos de autoidentificación
que experimentamos cuando, a través de nuestro cuerpo, nos parece
tener conciencia de un orden universal. Pero
la figura humana no siempre la representa completa, él la fragmenta
o pone un "detalle", una parte. A veces la figura femenina aparece en primer
plano o como sombra de la figura principal, pero también se desdobla
en los espacios de la composición que él acostumbra triangular.
Para Juárez no es el problema en sí el detalle, sino la manera
en que a nivel plástico él lo utiliza, lo organiza o lo estructura.
Define el detalle como la lengua italiana lo describe, como un¾
particolare ¾
es decir, como fragmento de una totalidad, de un objeto o de un conjunto
de objetos, lo propone dentro de un contexto histórico distinguiéndolo
del ¾
dittagli ¾, que
equivale al cuidado excesivo de los detalles.
(1).-
Escritor y sociólogo, fundador del Museo de Arte Moderno de París (2).-
Sociólogo y crítico de Arte.
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